Una crítica a Sergio Rodríguez Lazcano (director de la revista del FZLN)

zapatismo
Articulo escrito en 2003 junto a Mario Caballero

En las páginas del primer número de Rebeldía (nueva revista del FZLN), Sergio Rodríguez Lazcano (SRL desde ahora) publicó el artículo “El zapatismo: Un puente a la esperanza“. El autor, dirigente del FZLN, presenta al EZLN como la expresión más avanzada de la “nueva izquierda”, cuya política sería la base para “reconstruir el programa, la organización y la práctica de la izquierda mexicana“.

Uno de los pilares de su artículo se sintetiza en la afirmación de que“la insistencia del EZLN en que no quiere tomar el poder representa fundamentalmente una critica bastante radical del concepto de vanguardia”. El fundamento es que “el poder es una relación social, no una cosa o un palacio… (esto) cuestiona críticamente (que) las transformaciones sociales y económicas sólo se pueden lograr hasta después de la toma del poder“, y para esto se apoya en las tesis del intelectual John Holloway. En esto centraremos nuestra crítica, intentando aportar al desarrollo de una nueva generación que abrace el marxismo como guía para la acción revolucionaria.

EL PROBLEMA DEL PODER

SRL fundamenta sus afirmaciones en una reinterpretación de la sociedad capitalista, donde el poder es una relación social «que cruza el grueso de las actividades del ser humano, despojando a los individuos de su capacidad de decisión, inhibiendo la participación y procurando la inmovilidad» y «la relación mando- obediencia representa la quinta esencia del Estado moderno». La relación trabajo asalariado-capital (la más alta expresión de dominio en el capitalismo) pierde su jerarquía ante las demás relaciones de dominación, como la relación maestro-alumno, adulto-niño, etc.

Esto significa poner patas para arriba el análisis marxista de la anatomía del capitalismo. Y es que, al revés de lo que afirma, el “moderno estado” sí descansa en la propiedad de los medios de producción por parte de una clase y en la explotación de una masa de 1000 millones de asalariados (en el mundo) que no son propietarios del producto de su trabajo. La explotación de la clase obrera y la extracción de plusvalor es el motor del capitalismo y “la quintaesencia del estado moderno“, sobre la cual se constituye la dominación política de las clases subalternas y otras formas de alienación, como la alienación política que ejerce el Estado y la reformulación de distintas formas de opresión en función de los intereses del capital, como es el caso de la opresión nacional o de género. Con esto no se pretende negar otros antagonismos, pero sí precisar cuál es el antagonismo central que constituye la base misma del capitalismo. Contra la idea de que “el poder es una relación social que está en todos lados” el Estado, y sus instituciones, son los instrumentos esenciales de dominación de la burguesía para preservar la propiedad privada.

Por eso es que, para los marxistas -al revés de lo que escribe SRL- no pueden trastocarse las relaciones sociales y económicas a favor de los explotados sin expropiar a los expropiadores, para lo cual hay que apropiarse, por vía revolucionaria, del poder político. Aunque nos acuse de “decimonónicos”, conserva su vigencia lo escrito por Marx: “como los poseedores del suelo y del capital se aprovechan siempre de sus privilegios políticos para defender y perpetuar sus monopolios económicos y mantener sujeto al trabajo, la conquista del poder político es el gran deber del proletariado.“. Contra esto, la propuesta de SRL tiene consecuencias políticas desastrosas. Para el autor, los municipios autónomos son fundamentales como ejemplo de su propuesta política (y la del EZLN). Los mismos son sin duda conquistas a defender pero ¿puede lograrse, por esa vía y en tanto la burguesía concentre el poder económico y político, la plena autonomía, la desmilitarización y aún más, resolver las demandas de tierra y libertad de millones? ¿Cabe pensar que las demandas de los campesinos e indígenas chiapanecos se resolverán sin una reforma agraria que expropie a los terratenientes, y que ello puede lograrse mientras el poder político está en manos de sus representantes? La respuesta es evidente; sin una perspectiva revolucionaria orientada contra el estado, estas demandas no serán resueltas.

SRL sostiene que es posible cambiar el mundo sin tomar el poder. ¿Como? Mediante “un desarrollo de la sociedad civil permitiría una limitación progresiva de los elementos coercitivos del Estado y su debilitamiento”. Para ello apela a Gramsci, planteando que el EZLN enriqueció el concepto de “sociedad civil”, intentando así justificar en una mayor “autoridad” la no lucha por el poder. Cabe recordar que el propio Gramsci dijo que la sociedad política no puede separarse de la sociedad civil más que para fines metodológicos: “En la realidad efectiva, sociedad civil y estado se identifican“. Sin embargo la bruma se aclara y el objetivo «práctico» de su elaboración aparece: una “democracia incluyente y participativa” cuyo modelo es el gobierno de Porto Alegre o Belen (Brasil), que fueron un verdadero “experimento” de cómo el PT podía administrar los negocios capitalistas, gobiernos que evidentemente no acabaron con la desigualdad social y económica.

La conclusión es clara: la negativa a luchar por el poder para los explotados y oprimidos lleva a salidas reformistas que no cuestionan el dominio burgués, nuevas trampas contra las masas y sus aspiraciones.

LA CUESTIÓN DEL “SUJETO REVOLUCIONARIO”

Aunque no es centro de su argumentación, SRL retoma un argumento de John Holloway: “no hay un único sujeto revolucionario de cambio social“. Pero ante esto cabe comentar que no es igual el efecto de la acción de los estudiantes que de los trabajadores industriales y de los servicios: estos, por su peso objetivo y su lugar en la sociedad capitalista pueden, en caso de actuar, paralizar la producción y circulación de mercancías. Con sus métodos de lucha (como la huelga) ponen en cuestión el funcionamiento de la producción, adquiriendo así un carácter anticapitalista. La clase obrera, concentrada en los centros neurálgicos de la economía, tiene la capacidad histórica de proponer una reorganización social en función de las grandes mayorías, comenzando a resolver las demandas de las masas rurales y urbanas (como, por dar un ejemplo, garantizar el desarrollo agrario mediante el monopolio del comercio exterior, maquinarias, créditos, etc.).

Esto no significa menospreciar las luchas de otros sectores, las cuales pueden tener gran efecto sobre el sistema político, como fue el caso de la rebelión chiapaneca de 1994 que abrió una crisis de proporciones que obligó al imperialismo y la burguesía nativa a impulsar la “transición pacífica a la democracia” para evitar la generalización de la movilización de las masas. Sus progresivas demandas deben ser defendidas, y es sin duda impensable una revolución en México sin el concurso de los millones de campesinos e indígenas. Pero sí significa que la acción del proletariado, dotándose de una estrategia revolucionaria, es fundamental para derrotar al capitalismo. Y que, de no hacerlo, se perpetuará la opresión y explotación de este sistema decadente.

REVOLUCIÓN Y BUROCRACIA

SRL afirma que la lucha por el poder conduce inevitablemente a formaciones autoritarias y a reproducir el poder, adoptando la visión semi-anarquista de Holloway, que postula la “circularidad del poder” y dice que «la clave no es de quien es el poder, sino la existencia misma el poder». Estos postulados intentan justificarse apelando a la experiencia de la burocratización y estalinización de la ex URSS.

El autor, por provenir de un partido considerado trotskista como el PRT, debería conocer la diferencia entre marxismo y stalinismo, y no obviar que para el primero la conquista del poder representa un primer paso hacia la abolición de la sociedad de clases. Y es que, lejos de la visión instrumental de quienes ven al estado como un saco vacío cuyo carácter depende de quien lo ocupe, la toma del poder estatal es -en la concepción marxista- el preámbulo de la destrucción del estado burgués y la construcción de un estado obrero, basado en los organismos de democracia directa de las masas. El objeto de éste es preparar su propia extinción en una sociedad comunista (lo cual está íntimamente vinculado al desarrollo de la revolución socialista internacional). Esa fue la perspectiva de Lenin y Trotski, crudamente bastardeada por el estalinismo.

La caída contradictoria de los regímenes stalinistas provocó gran confusión en la clase obrera mundial, y que muchos intelectuales renunciaran al marxismo por “el fracaso de la experiencia de construcción de sociedades poscapitalistas” (SRL). Este es el caso del hoy dirigente del FZLN, quien en su evolución reformista abandonó toda mención a la lucha por la revolución obrera y la construcción de un partido revolucionario, planteando que la izquierda debe limitarse a ser únicamente «un vehículo» para «ayudar a crear espacios de participación democrática de la gente; ayudar a que la gente decida por sí misma” y “emancipar” a una sociedad civil oprimida, en la cual los antagonismos de clase son secundarios… Su crítica al marxismo sólo es un intento de justificar su desbarranque político.

EL EZLN Y EL REGIMEN POLÍTICO MEXICANO

Este artículo no pretende ser una crítica exhaustiva de la política del EZLN, pero nos detendremos en un aspecto de lo que plantea SRL. Para él, el EZLN sería una izquierda que se “ubica al margen del sistema político mexicano y de su ideología, lo deslegitima“.

Pero la renuncia a luchar por el poder no significa estar al “margen del sistema político“. En 1994, desde 15 días después de su irrupción, el EZLN se concentró en que el Congreso legislase en materia de derechos indígenas. Cuando estuvo planteado impulsar una gran lucha para derribar el priato y avanzar en la unidad con los trabajadores, la comandancia del EZLN llamó a confiar en la acción de las reaccionarias instituciones del régimen, mientras convocaba a Cárdenas a encabezar la “transición pacífica a la democracia” en la Convención Nacional Democrática de 1994. La caravana por la dignidad de 2001, que contó con gran apoyo popular, concluyó con la exigencia de una ley indígena al mismo Congreso (el poder).

Las críticas actuales al PRD no ocultan que la dirección del EZLN contribuyó, desde la izquierda, a la estabilidad del régimen y condujo las aspiraciones de millones a la confianza en los partidos del Congreso, que le respondieron votando una reaccionaria Ley.

Esta acción es congruente con su discurso de “no somos quienes aspiramos a hacernos del poder”, una renuncia absoluta al poder de los explotados y oprimidos en favor de quienes sí “aspiran a mantener el poder” para garantizan la explotación: los representantes de la burguesía y el imperialismo.

El autor pretende fundamentar una práctica reformista que se niega a luchar por el poder. Desde nuestro punto de vista, la lucha de Zapata fue, en cambio, el enfrentamiento directo contra el estado, sin confianza en los poderosos y sus representantes. Hoy es necesaria la alianza de obreros y campesinos, en el camino de una lucha revolucionaria por el poder, el camino para avanzar en una segunda revolución que retome y lleve hasta el final la obra de Zapata.

Nota:

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico Estrategia Obrera, núm. 30.

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