La larga marcha zapatista hacia el Congreso

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Articulo escrito en 2001 junto a Mario Caballero y Lucía Galvez

En enero de 1994, el EZLN inició su lucha alzándose en armas contra la explotación de los indígenas y los campesinos de Chiapas; enarboló un programa democrático radical, a la izquierda de cualquier programa de los partidos burgueses opositores (como el PRD), que llamaba a derribar al ”mal gobierno“representado por el régimen del PRI y a tirar el TLC.

A la fecha, no sólo no han cesado la injusticia y la antidemocracia contra las que se sublevaron los campesinos e indígenas chapanecos del EZLN, sino que han sido profundizadas por el “nuevo” régimen que encabeza Vicente Fox y el Congreso de la “transición democrática” integrado por el PRI, el PAN y el PRD. Hoy el foxato intenta avanzar en la reforma a la Ley Laboral y a los contratos colectivos de trabajo, en el avance de la explotación bajo la semiesclavización en las maquiladoras y, en una reforma fiscal, financiera y tributaria que afectará más a los trabajadores y al pueblo pobre. En el campo, este ataque se centra en acabar de liquidar la propiedad ejidal de las pequeñas parcelas, para acrecentar la ganancia capitalista (como parte de los compromisos que Fox contrajo con George W.Bush en la reunión de Guanajuato), avanzar más en la contrarreforma agraria para arrebatarle las tierras a indígenas y campesinos y en el megaproyecto pro-imperialista llamado “Plan Puebla-Panamá” en el sureste del país.
En este marco de ofensiva capitalista, a los 7 años de la toma de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, se realizó la marcha de los comandantes y el subcomandante Marcos a la capital de México para presionar al congreso y a Fox con el objeto que aprueben la ley de la COCOPA sobre cultura y derechos indígenas. Atrás quedaron los llamados a “deponer al dictador”; que reivindicaba:¡Abajo el TLC y la promesa de “no entregaremos las armas hasta derrocar al gobierno e instaurar el socialismo”.
EL REGIMEN REACCIONARIO ANTE LA MOVILIZACION INDIGENA Y CAMPESINA

Desde que la marcha zapatista partió de la Selva Lacandona, se hizo evidente el apoyo real que tienen las demandas del EZLN en la mayoría de las comunidades indígenas del estado. Apoyo que se dimensionó con las simpatías y solidaridad expresadas por las organizaciones indígenas y campesinas de los demás estados del país por donde pasaron los delegados del EZLN. La masividad de los actos donde hablaron Marcos y los comandantes, expresó la vigencia de las añejas aspiraciones de los campesinos e indígenas del país, como se mostró en las ciudades de Oaxaca, Orizaba, Morelia; o, la reunión del Congreso Nacional Indigenista en Nurio; o el Zócalo de la Ciudad de México el 11 de marzo; donde se reunieron cerca de 200 mil gentes para recibir a la marcha zapatista.
El fortalecimiento del Congreso Nacional Indígena celebrado en Nurio, Michoacán (representado por 41 etnias de 27 estados del país), es un hecho político que expresa la dura resistencia de las organizaciones indígenas frente a los intentos del régimen por someterlas; proceso de recomposición que no se veía en el campo desde los mejores tiempos de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA). Y que potencia la organización indígena como una nueva fuerza política en el país, sumándola así al movimiento indígena de América Latina que viene dando fuertes luchas contra los planes imperialistas.
La caravana zapatista actuó como catalizador del descontento de las masas del campo, que afrontaban un proceso de debilitamiento y atomización de sus organizaciones en los últimos años (producto de la represión, despojo de tierras, emigración). Y es también una expresión del potencial movilizador que pueden tener las demandas democráticas formales -libertades políticas- y las estructurales -como la tierra y la ruptura de la dependencia del imperialismo- que subyacen en toda justa demanda campesina e indígena.

El levantamiento armado en enero de 1994 y el amplio apoyo logrado por el EZLN (ante el desencanto por los partidos con registro) profundizó la crisis del régimen bonapartista semicolonial y sus instituciones y mostró lo disfuncional que para el imperialismo resultaba el antidemocrático y anquilosado sistema político que el Priato representaba.
Ahora, ante la caída electoral de ese viejo aparato de ese dominio – producto del hartazgo mostrado por masas en las elecciones presidenciales pasadas-, importantes sectores de las masas del campo y la ciudad, pensaron que se abrían perspectivas de solución a sus demandas. Pues para ellas, la alternancia significaba un paso en la democratización del régimen (concesiones en los mecanismos electorales y sistema amplio de partidos); ilusiones fomentadas por la “izquierda” y su adaptación a la reforma del régimen.
Esta tramposa transición democrática era una oxigenación necesaria para preservar el carácter antidemocrático del régimen y profundizar los planes que el Priato ya no podía aplicar sin riesgo de provocar un gran estallido social, peligro que anticipó la rebelión zapatista. En la actualidad, la “transición democrática” deberá afrontar las consecuencias de la crisis norteamericana en México, y la posibilidad de que se generalice el descontento obrero y popular contra los nuevos planes.
La actual es una transición democrática que no tiene nada que ver con el respeto a las libertades democráticas formales, ni con la restitución de las tierras comunales despojadas a los indígenas (con las que se constituyeron los grandes latifundios); ni con el respeto a las viejas formas de organización comunal, sus usos y costumbres ancestrales. Por el contrario, este “arribo a la democracia” aceita las desgastadas instituciones y, las legitima para aplicar los planes pro-imperialistas que el gobierno norteamericano, la OCDE y los organismos financieros internacionales como el FMI y el Banco Mundial, le ordenan al “nuevo” régimen político, como el “Puebla-Panamá”, denominado también por el presidente “la marcha de las maquiladoras hacia el Sur”.
Así, vemos como Fox está imponiendo medidas por encima del Congreso (nombramiento de embajadores, veto a Ley de Desarrollo Rural aprobada por la de la Cámara de Diputados, nombramiento de la Junta Administrativa de Pemex). Son los rasgos bonapartistas que se conservan del régimen anterior, y que le son necesarios al “nuevo” régimen para avanzar mas rápidamente en la subordinación del estado semicolonial mexicano al imperialismo.
La “transición democrática” aconsejada por Washington y Clinton y la unidad nacional que busca el régimen, pueden verse accidentadas si Fox no logra atenuar las contradicciones políticas que se expresan a nivel nacional; que han repercutido en la crisis misma del PRI; en la relación de la federación con los estados; y en la relación del presidente con su partido, el PAN. Y, para mantenerla y consolidarla, necesita desviar las aspiraciones y demandas de las masas hacia las instituciones y mecanismos del régimen.
En ese sentido, pese a que las demandas del EZLN son democráticas formales (derechos políticos), la movilización campesina e indígena que despertó y que concentra años de opresión, objetivamente tiene un contenido anticapitalista, lo que crea nuevas contradicciones en el congreso “reformado”. Pese a que Marcos y los comandantes zapatistas no reclaman un reparto agrario, ni mucho menos se plantean luchar por el poder para realizar grandes transformaciones estructurales (como una reforma agraria radical, echar abajo los pactos del régimen con el imperialismo, o acabar con la colonizadora deuda externa), conceder la autonomía abre contradicciones y discusiones al interior del régimen. Aunque son demandas democráticas que el régimen puede conceder sin afectar el derecho de propiedad burgués, son muy caras a una democracia burguesa “degradada” con importantes rasgos bonapartistas que aun conserva del viejo priato. A ello responde que el foxato tratará de retacearlas y negociarlas a su favor.
En esta situación reviste mucha importancia la orientación que tome la movilización de los campesinos e indígenas zapatistas, a partir de que los comandantes acordaron dialogar con los diputados, es decir del curso que siga la política de pactos y treguas con el régimen que impulsa la dirección del EZLN. Pero también depende de la estrategia que levanten las organizaciones obreras y populares para plantear la solución a las demandas de las masas del campo; una salida independiente que libere a las masas de la tutela de las direcciones burguesas y cambie la relación de fuerzas entre las clases o una salida basada en la negociación bajo las reglas del régimen, que refuerce sus instituciones y limite los objetivos de la movilización campesina e indígena.

LOS ZAPATISTAS EN EL CONGRESO Y LA ESTRATEGIA DE FOX DE INTEGRAR AL EZLN AL REGIMEN Y A LOS MECANISMOS DE LA DEMOCRACIA BURGUESA

Los comandantes del EZLN, al hablar en la tribuna del Congreso, demostraron el considerable capital político que han ganado en este último período. Han logrado el apoyo internacional de los movimientos de oposición de varios países y han demostrado que las demandas de las masas campesinas e indígenas son justas. El zapatismo se convierte en la principal fuerza política nacional a la izquierda del PRD, y puede ser el eje aglutinador de la mayoría de las organizaciones de la izquierda reformistas, del populismo e incluso del centrismo trotskista, como lo demostró en los días en que estuvo en la capital.
A calor de este hecho, la política oportunista del PRD de apoyar la movilización zapatista, reposicionó al partido del sol azteca, pues apareció como abanderado de la causa zapatista dentro del Congreso de la Unión y como una fuerza institucional y “democrática”, que usó todos sus oficios políticos para que los comandantes zapatistas accedieran a la tribuna en la Cámara de Diputados. El PRD también hizo ver al PAN -y principalmente al ala que encabeza el senador Diego Fernández de Cevallos-, como ultraderechistas “enemigos de la pluralidad”. De cara a su congreso en abril y ante su fuerte crisis interna (con sectores de la militancia que cuestionan su evidente derechización), el PRD tuvo que apoyar la marcha para no quedar por fuera de la movilización y recuperar el espacio político perdido en el terreno electoral.
La estrategia foxista consiste en tender un puente a Marcos y los comandantes para sentarlos a negociar. Pese a su discurso demagógico de apoyo a los indígenas, busca desgastar y desviar el proceso de recomposición y movilización de las masas del campo y diluirlo en la “sociedad civil” (a la que el EZLN se dirige), para evitar que pueda unificarse con el descontento obrero y popular y radicalizarse. Esta estrategia tuvo finalmente que ser reconocida por los sectores más derechistas del régimen, como las cámaras patronales, la iglesia, y la dirección del PAN que alertaban durante la marcha, con temor, cómo Fox fortalecía a Marcos.
La intención de Fox, y la de todos los actores del “nuevo” régimen”, es institucionalizar la lucha del campo para evitar el surgimiento de nuevos fenómenos independientes, para lo cual busca integrar al EZLN al régimen como oposición reglamentada y legal. Se basa en la “Cuarta Declaración de la Selva Lacandona” en la que el EZLN plantea la posibilidad de convertirse en fuerza política1.
Por ello, todos los partidos opositores burgueses (como el PRD, el PT y el Verde) presionaron para que el Congreso recibiera a los comandantes, pues un rechazo del Congreso a las demandas zapatistas podría radicalizar a sectores del campo (y del propio EZLN) y profundizar la polarización social y política; enturbiando los avances que viene logrando la “transición pactada a la democracia” que acordaron todas las fuerzas políticas del Congreso (y a la que le capitulan las organizaciones reformistas y populistas).
La preocupación del diputado del PT, José Narro – que es compartida por toda la oposición burguesa en el Congreso- “escuchemos las diferencias para reglamentarlas en el Congreso”, expresa la invitación al EZLN a diluir el carácter anticapitalista de las demandas campesinas en el terreno de las curules.
Como se ve, la política del régimen frente al EZLN ha significado un avance reaccionario, que apunta a la recomposición de fuerzas dentro del Congreso y pone la tribuna del Congreso como el máximo escenario del país.

En ese sentido, el importante avance logrado por la movilización de los campesinos e indígenas pobres, puede diluirse en los pasillos y cubículos del Congreso de la Unión, si el EZLN avanza en la negociación con esta reaccionaria institución. Esto significaría profundizar la política de pactos y treguas que ya había iniciado con el gobierno de Zedillo y que fue interrumpida con la traición del 9 de febrero, mediante la ofensiva contra las comunidades; rompiendo los “Diálogos de la Catedral”. Dicha tregua sirvió para desactivar la movilización campesina, y frenar las tomas de tierras independientes que se realizaban fuera de la zona ocupada por la rebelión zapatista.
Y es que, lamentablemente, la estrategia del EZLN no plantea la alianza revolucionaria de la clase obrera con los campesinos contra el régimen capitalista, para imponer la solución al problema de la tierra y la explotación capitalista. Por el contrario, queda integrado a los mecanismos de control burgués y, a la vez –pese a su autonomía formal del PRD- queda muy ligado y subordinado a este partido y a Cárdenas. Ya en 1994, en tiempos de la Convención Nacional Democrática (CND), había llamado a votar por éste, proponiéndolo para “encabezar un movimiento de liberación nacional, como frente amplio de oposición”.
De integrarse más al régimen, el EZLN daría un gran paso en la lógica de toda dirección reformista armada, donde las armas están al servicio de una estrategia de subordinación al régimen burgués; jugando un rol similar al que cumplieron el FSLN de Nicaragua, el M-19 en Colombia; el FMLN de El Salvador y la UGRN de Guatemala. Todas estas direcciones guerrilleras acabaron como partidos políticos que se integraron a los gobiernos burgueses como “opositores” legales.

UNA “UNIDAD” Y “RECONCILIACION NACIONAL” QUE SE UTILIZARA CONTRA LAS MASAS

En este contexto, lo que pudo haberse convertido en un fortalecimiento del movimiento obrero, campesino, indígena y popular contra el régimen, deslegitimando su careta “democrática”, al transformarse en acuerdos con Fox y el Congreso de la Unión para obtener la “paz” fortalece la confianza en las instituciones reaccionarias y legitima la tramposa “transición a la democracia”. Junto a ello, es un contrapeso al surgimiento de cualquier proceso independiente y de radicalización.
En ese sentido apunta el anuncio de la comandanta Esther, de que los indígenas y campesinos zapatistas no recobrarían –en señal de distensión- los territorios que el gobierno había convertido en campamentos militares.
Fue el aviso a la clase política y a la patronal, de que el EZLN no piensa desestabilizar el proceso “democratizador”, que apuesta a una paz que dejará en desventaja a las comunidades frente a los caciques y grupos paramilitares. Es una “paz” al servicio de los intereses del FMI y el Banco Mundial y no la que necesitan los explotados y oprimidos (los del “color de la tierra” como los definen los indígenas). Es una “paz” que apunta a deslegitimar toda lucha que esté por fuera de la negociación con el gobierno de Fox.
Este discurso de “reconciliación nacional” (tan necesaria para la estabilización burguesa) fue expresado por los delegados del CNI y los comandantes zapatistas y provocó que el ex-priísta Manuel Camacho Solís lo llamara un diálogo “pacífico” y civilizado”; que el PRI dijera “reconocemos la sensibilidad del EZLN”; que fuera saludado por el ultraderechista Claudio X González, capo mayor del “Consejo de Hombres de Negocios”; que la fracción parlamentaria del PAN publicara una inserción pagada a nivel nacional declarando: “¡Bienvenidos a la política!”; y que el latifundista presidente Fox saludara la “humildad y altura con que se condujo Marcos”. Es decir, que toda la patronal y sus representantes festejaban la integración al régimen que se desprende de la estrategia pactista del EZLN. Junto a ellos, los charros de la UNT y de la CTM han sido cómplices de esta estrategia patronal.
El fortalecimiento del régimen le permitirá continuar con sus planes económicos sobre la clase obrera y el pueblo y con la represión como la que se llevó adelante en los “Loxichas”, como contra las trabajadoras de La Confitería en Cuernavaca, Morelos, sobre los trabajadores de las maquiladoras como en Nike en Puebla o, como la brutal represión a los manifestantes contra el Foro Económico Mundial en Cancún; continuar con las expulsiones en UNAM de los activistas del CGH para eliminar toda oposición a la privatización de la educación pública. Pues el régimen está preparándose para avanzar sobre las conquistas de la clase trabajadora y el pueblo –como la imposición de nuevos impuestos y la privatización de PEMEX y la industria eléctrica- y le está pegando a los sectores que quedan por fuera de la negociación y de la estabilidad que requiere Fox para cumplir con los compromisos que contrajo en Cancún con la banca mundial y las corporaciones multinacionales.
La “estabilización” que lograría Fox con la integración del zapatismo como fuerza política legal (reafirmando el rol de éste como la “pata izquierda de la transición”), le permitiría también aplicar los planes en el campo; terminando con el ejido como forma de propiedad comunal, y desarrollar la explotación capitalista en las regiones donde existen grandes comunidades indígenas (ya Fox había anunciado un plan para mandar “braceros capacitados” a los Estados Unidos).
Y, a pesar de las contradicciones que le genera, el régimen podría aprobar –con algunas modificaciones- la ley de la COCOPA, y al mismo tiempo avanzar más la desintegración del ejido y en la apropiación de la renta del suelo. En esto consiste la anunciada “marcha de la maquiladora hacia el Sur”; un salto en la renta capitalista que se realiza mediante la expropiación de la gran masa de los campesinos cultivadores y la expulsión de una parte de ellos de la tierra, cuestión que es acompañada de la destrucción de la industria rural subsidiaria.

LA “AUTONOMIA” DE FOX Y EL CONGRESO DE LA UNION DESVIA LA LUCHA POR LA REFORMA AGRARIA RADICAL

El proceso de recomposición del movimiento indígena y campesino, mostrado con las movilizaciones recientes y, en la alta representatividad el Congreso de Nurio, Michoacán, mostró el potencial de la lucha indígena y campesina en México y la reivindicación objetiva del descontento que alentó las viejas rebeliones y revueltas indígenas y campesinas de los siglos XVIII, XIX y XX.Es una importante movilización que, si apuntara a reivindicar los aspectos más progresivos del programa de Emiliano Zapata, puede fortalecer la lucha por la tierra a nivel nacional.
Sin embargo, la demanda del EZLN ante el Congreso limita la lucha de los indígenas al marco de la ley de la COCOPA, es decir al contexto de la cultura y los derechos en las comunidades indígenas de Chiapas (ver recuadro). Así, la demanda del EZLN, al limitar la lucha de los indígenas y campesinos al problema de la autonomía, sin traspasar los marcos del régimen burgués, no sólo no apunta a resolver el problema de fondo de la explotación campesina, sino que representa un retroceso en la lucha histórica por la problemática en el campo. Pues suponiendo que se obtuviera la autonomía tal como la demandan los indígenas y campesinos (el derecho al use y disfrute de los territorios), lo que pudieran producir los indígenas bajo la forma de pequeña propiedad organizada sobre formas comunales, será siempre – y más aun en tiempos de crisis-, anulado por los impuestos, los intereses de los créditos; por los precios fijados por los latifundistas, intermediarios y, por el “mercado mundial”, provocando su ruina.
Por eso el problema de los derechos y cultura indígenas, está íntimamente ligado al problema de la tierra, es decir a la lucha por una reforma agraria que dote de tierra a los campesinos y de facilidades para producir y comercializar.
Emiliano Zapata, encabezando la lucha de los indios de Morelos asentaba en el “¨Plan de Ayala” (Art-6): “Todas las tierras, todos los montes, todas las aguas, que han sido robadas por los hacendados, científicos y caciques ejerciendo una tiranía horrible y una justicia envenenada, deben ser reintegrados inmediatamente, como propiedad a los pueblos y sus habitantes que tienen derecho a esta propiedad de la que han sido expulsados por sus opresores.”
La dirección “constitucionalista“ de la revolución mexicana, evitó que ésta avanzara en la dinámica anticapitalista de resolver la tarea esencial de una reforma agraria radical, ya que ello atentaba contra el derecho de propiedad capitalista. De modo tal que el mismo Luis Cabrera -ideólogo del terrateniente Carranza- aceptaba en su “Balance de la revolución”: “El problema agrario se compone de cinco partes: a) reparto de los grandes latifundios b); la organización y defensa de la pequeña propiedad; e) la dotación de ejidos a los pueblos; d) la cuestión del regadío e) el crédito agrario. La revolución no ha conseguido, en el terreno agrario, más que las dotaciones de ejidos a los pueblos. Pero la política ejidal deja desgraciadamente mucho que desear y la prosperidad de los ejidos queda todavía insegura y estéril”. O como afirma Alfonso Goldschmidt: “Bajo los gobiernos de Caranza, Obregón y Calles, los indios habían recibido de la “Reforma Agraria” que resultó de la revolución mexicana, el 3.5 % de toda la superficie de México” (“El Desarrollo campesino en México”).
La política del PAN, del PRI, del PRD, del PT y del Partido Verde Ecologista, no es dialogar con la dirección zapatista para realizar una reforma agraria radical o reponerle sus tierras, sino para acordar una reforma a la Constitución que haga algunas concesiones de democracia formal (autonomía). Pero cualquier reforma constitucional que salga de una acuerdo en el Congreso será para desvíar el contenido anticapitalista del problema de la tierra.

NINGUNA CONFIANZA EN EL CONGRESO REPRESENTANTE DE LOS DUEÑOS DEL CAPITAL Y LA TIERRA

La estrategia de Marcos y la Comandancia del EZLN, de dialogar con el Congreso de la Unión, al no apuntar a cambiar las estructuras que imponen la explotación y opresión de los trabajadores del campo y la ciudad (el régimen de propiedad de la tierra y de los medios de producción), no da salida a los grandes problemas que derivan de la recolonización del país por imperialismo (como las reformas reaccionarias en el campo, la miseria que provoca el TLC, la semiesclavización de la clase obrera, las reaccionarias reformas a la ley laboral, etc.).
El llamado de Marcos a presionar al Congreso para que legisle en materia de derechos y cultura indígenas y acordar la paz, lleva a reforzar la confianza en las instituciones que están al servicio de los grandes empresarios y terratenientes y, crea ilusiones en sectores de las masas, de que las demandas indígenas pueden obtenerse en los marcos del régimen capitalista. Pero la “paz” tan tramposamente publicitada por Fox, el PAN, el PRI y el PRD, no vendrá del congreso que ha duplicado el presupuesto para gastos militares; que ha impulsado la creación de grupos paramilitares y solapado las masacres contra los campesinos e indígenas, como la de Acteal, El Bosque, Aguas Blancas, el Charco, etc. y que está legitimando la entrega del petróleo, el gas, la electricidad, los aeropuertos, los litorales, la banca, las carreteras. Recientemente, a los pocos días del regreso de los zapatistas, Fox envió al Congreso su propuesta de reforma hacendaria, que significa una brutal imposición del IVA a los alimentos y las medicinas de acuerdo a los dictados del imperialismo, mientras el PRI y del PRD en el Congreso (así como las direcciones sindicales de la UNT y del CT y campesinas de la CNC) pretenden aparecer como “opositores” para encauzar y capitalizar el descontento social y no pagar los costos políticos de semejante robo al bolsillo de los trabajadores.
De avanzar esta política de “treguas y pactos” entre el EZLN y Fox, actuará como un contrapeso para que no se exprese el descontento obrero, campesino y popular frente los planes de Fox y Bush, así como impedir el surgimiento de procesos independientes y radicalizados de sectores de las masas. Se podría abrir un periodo donde las luchas y el descontento serán desviadas mas fácilmente tras la confianza en el Congreso “plural” y en el rol de la “oposición”; significando un gran retroceso en la lucha de los explotados.

UN PROGRAMA PARA LUCHAR POR LAS DEMANDAS Y ASPIRACIONES DEMOCRÁTICAS DE LAS MASAS DEL CAMPO Y LA CIUDAD

Más de 80 años después de la 1ª revolución mexicana, el levantamiento indígena y campesino de 1994 al grito de “Abajo el mal gobierno, muera el TLC” planteó de forma tajante la lucha contra la antidemocracia y la opresión del régimen, contra la expoliación imperialista y por una nueva revolución agraria. En el último mes, nuevamente estas demandas se han tendido a expresar en la escena nacional. Es necesaria una estrategia para soldar la alianza revolucionaria de obreros y campesinos contra los planes imperialistas, impulsando un programa para que la clase obrera encabece la lucha por las demandas democráticas de las masas y en contra del régimen de los capitalistas y terratenientes.
Está planteada la lucha por las demandas democráticas más elementales que este régimen no resolverá, como es la lucha contra la militarización en el campo y en la ciudad y por la libertad incondicional de todos los presos políticos. Así como por la verdadera democratización de los sindicatos frente al aparato charril que actúa como agente de la patronal y el régimen en el movimiento obrero, contra los caciques y guardias blancas en el campo, y, en la universidad, contra las bandas porriles y el antidemocrático e inquisidor Tribunal Universitario. Todas estas son demandas que los trotskistas empujamos y acompañamos en la perspectiva de la movilización revolucionaria contra el gobierno y el régimen.

Al mismo tiempo es necesario enfrentar la gran trampa del régimen, que no es otra que afianzar sus instituciones y presentarlas como “democráticas”, en particular al Congreso de la Unión.
Aunque los trotskistas de la LTS-CC reconocemos el derecho del EZLN de dialogar y negociar con las instituciones del régimen -si así lo deciden las bases campesinas e indígenas-, afirmamos que sus demandas no se resolverán a través del Congreso de la Unión, que, como planteamos mas arriba, es el que garantizará los nuevos planes pactados por Bush y Fox. No puede ser entonces más falsa la afirmación de Marcos de que el “problema” no es el Congreso sino los diputados del PAN y algunos del PRI. El priato primero, el régimen autorreformado de la transición pactada del 94 al 2000 después (donde el PRI perdió la mayoría en la Cámara de diputados) y este nuevo régimen han estado y están por igual al servicio del imperialismo y los grandes capitalistas, como Slim, Zambrano, etc. La política de Marcos no sólo es impotente para resolver las demandas indígenas y campesinas, sino que apuntala los intentos de consolidar esta “democracia para ricos”.
Es necesario impulsar la lucha por las demandas de las masas del campo y la ciudad en la perspectiva de enfrentar a este régimen y sus instituciones. Por eso nosotros decimos ¡Ninguna confianza en el Congreso de la Unión, Fox y los partidos patronales PAN, PRI y PRD! ¡Abajo este régimen antidemocrático, represor, que garantiza la entrega al imperialismo y la esclavización en las maquiladoras! ¡Abajo las instituciones antidemocráticas y la justicia patronal de esta democracia para ricos! ¡Por la movilización independiente de los partidos patronales contra los planes de Fox y PAN-PRI-PRD, mandatados por el imperialismo!

Los trotskistas de la LTS-CC (Unificada) afirmamos que las demandas de los campesinos e indígenas no se resolverán en los marcos de este régimen de explotación y opresión. Por ello llamamos a una lucha unificada de las masas de la ciudad y el campo para derrotar a este régimen proimperialista, y para imponer un estado de los obreros y campesinos. Pero somos concientes de que millones confían en resolver sus aspiraciones en los marcos de este régimen democrático burgués. Aprovechándose de ello, la burguesía ensaya nuevas trampas, como son los anuncios de reforma constitucional. Lejos de cualquier democratización real, este régimen continuará basándose, en mayor o menor medida, en la reaccionaria figura presidencial y en instituciones aristocráticas como es el Congreso de la Unión y los tribunales de la justicia burguesa; su carácter antidemocrático es tal que sólo permite la participación electoral de los partidos patronales, mientras que las organizaciones que se reivindican de izquierda son excluidas. Las reformas que prevén, mas allá de eventuales cambios cosméticos, están pensadas para adecuar la legislación y aceitar las instituciones a las necesidades de la nueva ofensiva mandatada por Bush y las multinacionales.
Ante ello, y ante las ilusiones de las amplias masas en la democracia, los trotskistas las convocamos a luchar, no por presionar al Congreso de la Unión o “perfeccionar” las instituciones reaccionarias, sino para imponer una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana, con diputados constituyentes y revocables elegidos cada 10.000 habitantes, sin ninguna limitación ni restricción para la participación de los partidos políticos, con derecho al voto para todos los mayores de 16 años, sin distinción de nacionalidad ni lugar de residencia, tomando el país como un distrito único y disolviendo los actuales poderes de la institución presidencial, el Congreso de la Unión, y los actuales tribunales. Una Asamblea donde se discutan los problemas acuciantes de las masas, como es la represión y la opresión de este régimen, la cuestión de la tierra para los campesinos, la ruptura con el FMI y el imperialismo, y el derecho a la autonomía para los pueblos indígenas. Desde nuestro punto de vista, esta asamblea será un paso adelante en preparar la movilización revolucionaria contra el régimen de los terratenientes y capitalistas.

POR LA ALIANZA REVOLUCIONARIA DE OBREROS Y CAMPESINOS PARA RETOMAR Y CULMINAR LA OBRA DE ZAPATA

Sólo una nueva revolución en México podrá resolver las demandas de millones de explotados y oprimidos y acabar con este sistema de explotación y miseria. Es necesario retomar y culminar la obra de Emiliano Zapata.
En 1910-17 el alzamiento campesino fue desviado hacia la “institucionalización de la revolución”, donde su ansia de tierra sería frustrada, y no serían resueltas sus demandas, siendo incluso las medidas agrarias de Lázaro Cárdenas una verdadera ficción de reforma agraria. Para garantizar este desvío, los sectores más radicales del campesinado fueron reprimidos y asesinados, como ocurrió con los revolucionarios zapatistas. Se mostró así el carácter reaccionario de la nueva burguesía nativa, que luego, bajo los distintos nombres que tomará el partido de estado (PNR, PRM, PRI), encabezará la creciente subordinación del país al imperialismo.
Retomar y culminar la obra de Zapata solo puede hacerse a condición de encarar una lucha contra el régimen con el objetivo, no de “reformarlo” o “humanizarlo”, sino para realizar la segunda revolución mexicana, cuyo carácter será obrero y socialista.
Una nueva revolución tendrá como protagonista, junto a los millones de campesinos e indígenas pobres, al poderoso proletariado concentrado en la gran industria, en el transporte, la comunicación y el sector estatal. El proletariado, que en 1910-17, a pesar de experiencias heroicas como Río Blanco y Cananea, no estaba suficientemente maduro como clase nacional, hoy es la fuerza social capaz de encabezar una verdadera movilización junto a los campesinos y a los millones de pobres de la urbe y el campo. Poniendo en práctica sus métodos de lucha, como la huelga general, la clase obrera puede paralizar la producción y los centros neurálgicos de la sociedad capitalista mexicana. Al mismo tiempo, la lucha revolucionaria en México será un impulso a la lucha de los trabajadores estadounidenses, con quienes el proletariado mexicano tiene planteado avanzar en la unidad de clase, comenzando por los sectores más superexplotados de éste, como son los obreros negros, chicanos, etc.
El gran aliado de la clase obrera en esta lucha contra la burguesía y el imperialismo son las decenas de millones de campesinas e indígenas, que a lo largo de la historia han dado muchas y sobradas muestras de combatividad en la exigencia de sus demandas. Como por ejemplo los yaquis (en 1825,1855 y 1879) y los seris contra el régimen de Porfirio Díaz, o la guerra de castas en Yucatán de 1847 a 1854, cuando los indígenas llegaron a ocupar más de la mitad del estado. Y fue la revolución de 1910 cuando, bajo la dirección de Zapata y del Ejército Libertador del Sur, el campesinado pobre cuestionó de forma abierta y mediante las armas la propiedad burguesa y llegó sin duda a uno de los puntos más altos en las revoluciones protagonizadas por el campesinado. Pero fue justamente allí donde mostró con toda claridad sus propios límites de clase, su incapacidad para tener una perspectiva política nacional, es decir para luchar por el poder político central, única forma en que se podían garantizar las demandas anticapitalistas contenidas en el Plan de Ayala y puestas en juego por la lucha cotidiana de las masas campesinas2. Se mostró allí que el campesinado, por su situación intermedia, su heterogeneidad social y la misma dependencia económica del campo respecto a la ciudad en la sociedad capitalista, aun la más atrasada, es incapaz de una política nacional propia e independiente.3 La división tardía en el zapatismo, entre Soto y Gama y el mismo Zapata mostraba que unos y otros tendían a buscar una salida en la burguesía o en el proletariado4. Por otra parte, si la potencialidad de la lucha campesina ha sido ratificada por toda la historia de México, y recientemente por el levantamiento armado de 1994, su dirección actual expresa todos los límites políticos que el campesinado tiene como clase; la política reformista (armada o desarmada) de la dirección neozapatista lleva al campesinado pobre tras las salidas de la burguesía.
¿Cuál es el camino para evitar que las justas demandas de los indígenas y campesinos pobres sean desviadas por la burguesía y “resueltas” a su manera, como hizo la “familia revolucionaria” con sus ficciones de reparto agrario o, lo que es peor, como se prepara a hacerlo Fox, mediante el reconocimiento formal de los derechos indígenas? Es necesario que la clase obrera tome como propias las demandas y aspiraciones de las masas rurales, y actuando como dirección de toda la nación oprimida, encabece la movilización revolucionaria de las masas urbanas y rurales, forjando una verdadera alianza obrera-campesina.
En México, las aspiraciones y demandas de las masas del campo son parte esencial de la lucha revolucionaria. “La tarea central en los países coloniales y semicoloniales es la revolución agraria, es decir la liquidación de la herencia feudal y la independencia nacional, es decir, la liberación del yugo capitalista. Ambas tareas están íntimamente ligadas.”5 Para soldar una alianza revolucionaria de obreros, campesinos e indígenas pobres, la clase obrera debe levantar como propias las demandas de las masas del campo y la lucha contra la opresión imperialista que se abate sobre todo el pueblo mexicano. ¡Por el derecho a la autodeterminación de los pueblos indios, incluyendo el derecho a la separación si así lo desearan! Abajo la opresión sobre las etnias y pueblos indios, y en particular sobre las mujeres indígenas, triplemente oprimidas y explotadas! ¡Fuera el ejército de las comunidades indígenas! ¡Alto a la represión en el campo, en primer lugar sobre las bases zapatistas y de otras organizaciones campesinas e indígenas! ¡Disolución de las guardias blancas armadas por el estado, los caciques y los terratenientes! ¡Castigo a los asesinos de Acteal, Aguas Blancas y demás ataques contra los campesinos e indígenas simpatizantes del EZLN, la OCSS y otras organizaciones! Como hemos dicho más arriba, para garantizar la autonomía y la libertad que reclaman los pueblos indios es necesario garantizar el acceso a la tierra a los campesinos e indígenas pobres, lo que solo podrá hacerse mediante una nueva revolución en el campo. En ese camino es que luchamos por ¡Derecho a la sindicalización de los jornaleros! ¡Abajo la contrarreforma al artículo 27! ¡Expropiación sin pago de las tierras en poder de los terratenientes! ¡Restitución de tierras a los indígenas y campesinos! ¡Por una reforma agraria radical que entregue la tierra a los campesinos pobres!
Para llevar adelante una reforma agraria radical, ésta debe contemplar la forma de supervivencia y producción de los campesinos e indígenas. Créditos, condonación de las deudas de los pequeños productores, maquinaria, abonos y transporte. Para lo cual es necesaria la alianza con el proletariado, impulsando en primer lugar comités de campesinos pobres que, en acuerdo con las organizaciones de la clase obrera, controlen el acceso al transporte y el crédito necesarios para la producción agraria. Al mismo tiempo es necesario avanzar en la nacionalización de la banca y en el no pago de la deuda Externa, así como en imponer el control del comercio exterior, ya que es la única forma de garantizar la venta de los productos agrarios del país y que no sean manipulados a través de la caída de los precios por las multinacionales y el imperialismo, vía el TLC.
Para resolver estas demandas en forma íntegra hay que soldar la unidad entre el campo y la ciudad, elaborando un plan común voluntario, entre campesinos y obreros, para ir superando la pequeña parcela aislada, económica y técnicamente atrasada, (ejido) y avanzar hacia una agricultura colectivizada, tecnificada y altamente productiva en beneficio de todo el pueblo mexicano. Los trotskistas luchamos por la colectivización agrícola e industrial. Pero para llegar allí es necesario darle a los campesinos pobres la posibilidad de determinar su propio destino:
“ Afirmamos que nuestra meta final, como forma más elevada del progreso, es la colectivización de la agricultura tanto como de la industria. Sin embargo, el proletariado no puede imponer este objetivo, al campesinado. Sólo puede facilitar su avance hacia el mismo.
El proletariado sólo puede hacer propuestas en ese sentido, que luego habrán de ser completadas, corregidas y ampliadas por la experiencia conjunta de ambas clases, igualmente oprimidas por los explotadores capitalistas. Lo primero que debemos hacer es asegurar a los campesinos una oportunidad real de determinar su propio destino, decidir el uso que darán a sus fuerzas y a su propiedad, expresar sus preferencias en métodos agrícolas, aplicar su propio juicio a la elección del momento en que pasarán de la economía privada a la economía colectiva.”6

La miseria, explotación y opresión en el campo está íntimamente relacionada, mucho más que en 1910, a la brutal expoliación imperialista y al creciente control de la tierra y de los recursos naturales por parte de las multinacionales. En los párrafos anteriores hemos planteado que la lucha por una reforma agraria radical está ligada a la lucha contra el TLC y por el No pago de la Deuda Externa. En ese sentido es necesario retomar y desarrollar hasta el final las banderas iniciales del levantamiento de 1994, abandonadas por la dirección del EZLN: ¡Abajo el TLC y el TLCUE! ¡Abajo el ALCA, nuevo instrumento de subordinación y vasallaje! ¡No al pago de la deuda externa! ¡Rechazo a la “certificación” y cualquier otra forma de control y sometimiento por parte del imperialismo! ¡Plenos derechos laborales y civiles a todos los inmigrantes en los EEUU! ¡Ruptura de los pactos con el imperialismo, comenzando por el FMI, el Banco Mundial y las organizaciones y acuerdos diplomáticos, como la ONU y la OEA! En el campo, hay que luchar por la ¡Expropiación de las tierras en poder de las grandes multinacionales imperialistas! ¡Abajo el Plan Puebla-Panamá! ¡Apoyo a las luchas de nuestros hermanos trabajadores, indígenas y campesinos contra el imperialismo! ¡Por la unidad internacional de los trabajadores y jóvenes anticapitalistas de los países imperialistas con los explotados y el pueblo pobre de los países oprimidos!
Sobre este programa se podrá construir una verdadera alianza obrera y campesina, que deberá tener un carácter revolucionario, ya que para imponer el conjunto de estas demandas es necesario enfrentar al régimen proimperialista del PAN-PRI-PRD y avanzar en la independencia de clase de todas las variantes patronales. En ese camino, es que hoy impulsamos un Encuentro Nacional de Organizaciones Obreras, Campesinas y Populares, con delegados revocables y con mandato, para votar un programa y un plan de lucha y movilización y preparar una Huelga General contra el régimen y sus planes.
Para avanzar en ello es necesario superar la división artificial impuesta por la burocracia sindical y por las direcciones reformistas y populistas del campesinado. Éstas, al mismo tiempo que dividen y separan las luchas (como se vio por ejemplo en la dirección del SME que impidió el estallamiento de la huelga en momentos en que entraba la caravana zapatista a la ciudad de México, o como hizo el STUNAM en la huelga universitaria) conducen la movilización hacia la confianza en el régimen y en los partidos “opositores”, como el PRD. Los trotskistas de la LTS-CC (unificada) impulsamos la unidad obrera-campesina, como cimiento y baluarte de la movilización contra el régimen de los capitalistas. En ese sentido, para evitar que la energía mostrada por sectores de las masas del campo sea derrochada tras políticas pactistas como la que impulsa la dirección del EZLN, es fundamental que las bases campesinas e indígenas pobres tomen este camino y le impongan a sus organizaciones dirigentes esta perspectiva.

Decimos que a principios del Siglo XXI una nueva revolución será socialista. Marcos ha declarado que él no lucha por la “revolución mundial” ni por el “control obrero de la producción”. Pero, ¿cómo pueden resolverse de forma duradera y efectiva la cuestión de la tierra y la opresión imperialista (y avanzar hacia una verdadera democracia para las masas de la ciudad y el campo) sino se apunta a las bases mismas de la propiedad privada de los capitalistas y las multinacionales? Por ello es que la única estrategia política correcta es la toma del poder político por la clase obrera y las masas pobres y la instauración de un gobierno obrero y campesino, que avance en la expropiación de las “14 familias”, en la nacionalización sin pago de todos los bienes en poder de los monopolios imperialistas, y en primer lugar de las industrias estratégicas, así como de la banca y el comercio exterior. En ese camino es que deberán surgir organismos de democracia directa de la clase obrera y las masas, los que tendrán planteado impulsar y organizar la movilización revolucionaria contra el estado y el régimen.
Esta estrategia es opuesta por el vértice a la de las direcciones reformistas en sus distintas variantes. El discurso del sub Marcos es “No queremos el poder”, como dijo en el Zócalo, “No somos quienes aspiran a hacerse del poder y desde él imponer el paso y la palabra. No seremos quienes ponen precio a la dignidad propia o a la ajena y convierten la lucha en mercado donde la política es quehacer de merchantes, que disputan no proyectos sino clientes.” Si bien es correcto en su denuncia del poder burgués, representa una renuncia absoluta al poder de los explotados y oprimidos y una justificación de una política de “presión” sobre el régimen y de llevar a las masas tras variantes burguesas “opositoras” o “democráticas”, que sí pretenden mantener y preservar el poder, que es como lamentablemente se ha conducido la dirección del EZLN desde 1994. Esta estrategia, de subordinación del movimiento de masas a las instituciones del régimen y a sus partidos, es compartida por Marcos con otras organizaciones populistas, como el MULP, y los grupos stalinistas y maoístas. Es la misma estrategia que está cobrando nuevos bríos en el ámbito internacional, y que Marcos comparte con José Bové, con Ignacio Ramonet y con los sectores reformistas del movimiento “globalifóbico”.
Frente a la política de las direcciones reformistas del movimiento de masas, los trotskistas de la LTS-CC (unificada) impulsamos la construcción de un partido obrero revolucionario e internacionalista, como parte de nuestra lucha por reconstruir la IV Internacional. Un partido que impulse la movilización revolucionaria de la clase obrera junto a los explotados y oprimidos de la ciudad y el campo, y luche por la independencia de clase respecto a los partidos de la burguesía y sus instituciones. Un partido revolucionario capaz de luchar por una segunda revolución mexicana, para resolver las demandas y aspiraciones de las masas y acabar con este sistema de explotación y miseria.1 Al mismo tiempo, el discurso por la “paz” de Vicente Fox pretende también restar espacio al PRI en el campo y hacerse de una base social propia.
2 Adolfo Gilly, en su clásico “La Revolución interrumpida”, explica: “Emiliano Zapata no se proponía destruir el régimen capitalista. Sus ideas surgían de la experiencia campesina, no del programa socialista. Sin embargo, la aplicación del Plan de Ayala significaría de hecho la destrucción de las bases de existencia del capitalismo. Por un lado, por la nacionalización de todos los bienes de las clases explotadoras. Por el otro, mucho más importante en los hechos porque fue lo que efectivamente hicieron los campesinos, por el establecimiento del principio de que son las masas mismas quienes deciden, armas en mano; que no deben esperar el triunfo de la revolución y las leyes que se dicten, sino que ellas mismas, por su propia iniciativa, deben tomar sin tardanza las tierras, cultivarlas y defenderlas… Es decir, legaliza el principio de que las masas deciden, principio básico de toda revolución que merezca este nombre. Pero el Plan, con los campesinos en los hechos, solo alcanzaba a oponer al poder capitalista la iniciativa de las masas. Establecía de hecho la dualidad de poder, como la establecieron los campesinos en armas durante toda la revolución. Pero no oponía la perspectiva de otro poder estatal. La dualidad establecida durante la revolución desembocaba nuevamente en el reestablecimiento del poder estatal burgués… “
3 “Los campesinos, a consecuencia de su situación intermedia y de la heterogeneidad de su composición social, no pueden tener ni una política ni un partido independientes, y en la época revolucionaria se ven obligados a elegir entre la política de la burguesía y la del proletariado”, Trotsky, L., “La revolución Permanente” en “La teoría de la revolución permanente”, CEIP, Bs.As., Argentina.
4 Para ser precisos, el zapatismo sí alcanzó cierto grado de independencia, por ejemplo respecto a la burguesía maderista, a la que enfrentó radicalmente. La cuestión es que se mostró incapaz, a pesar de todo el heroísmo mostrado por Zapata y las bases del Ejercito Libertador del Sur, para formular una política propia e independiente nacional; por ello es que se retiró de la ciudad de México dejándola en manos de la pequeño burguesía que luego los traicionó. En cuanto a la división en el zapatismo, nos referimos a lo que explica Adolfo Gilly en su libro citado, y que en el caso de Emiliano Zapata se reflejó en la atracción que ejerció la Revolución de Octubre.
5 Trotsky, L., “El programa de Transición”, Akal editor, pagina 42.
6 Trotsky, L., “Un programa de acción para Francia”, “Escritos”, edición digital, CEIP, Bs.As.

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