A proposito de la presentación de Escritos Latinoamericanos…

Foto: Presentación de Escritos Latinoamericanos, hoy en la Casa Mueso León Trotsky

El jueves 14 realizamos, en el auditorio del Museo Casa León Trotsky,  la presentación de Escritos Latinoamericanos, el cuarto volumen de las Obras Escogidas de León Trotsky, co-editados por el CEIP y el Museo Casa León Trotsky, cuya edición fue realizada por el CEIP México, en tanto que la correccion general y produccion corrió por cuenta del CEIP Argentina.  Nos acompañaron en la mesa Manuel Aguilar Mora, Arturo Anguiano y Massimo Modonesi, en tanto que Jose Antonio Gonzalez de León, director del Museo, moderó el evento. Tambien estuvo presente, en el público, Adolfo Gilly. Realmente fue una mesa acorde a la importancia del libro que estabamos presentando en ese recinto histórico.  Interesantes reflexiones y analisis sobre los escritos de Trotsky  en torno a México y América Latina y su actualidad, acercamientos a la recepción y difusión de sus ideas, así como aportaciones en torno a los cruces y debates teoricos y políticos entre el trotskismo y otras corrientes del marxismo. También discusiones y polémicas que esperamos poder continuar en nuevos eventos o a traves de este medio…  Aqui linkeamos a la reseña que escribió Barbara Funes, y a continuación el texto presentado, lineas más, lineas menos, el jueves 14.

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En primer lugar, quería empezar planteando que para nosotros es muy importante contar con la presencia de los presentadores que nos acompañan, comentando esta edición que hicimos conjuntamente el Museo Casa León Trotsky y el CEIP, tanto de Argentina como de México.

Por una parte, Manuel Aguilar Mora y Arturo Anguiano son autores de importantes obras, que para quienes compilamos la edición de Escritos Latinoamericanos y editamos México en llamas, resultaron fundamentales para la comprensión, desde un punto de vista marxista, del México posrevolucionario.

Me refiero en particular a El Bonapartismo Mexicano en el caso de Manuel, y al Estado y la Politica obrera en el cardenismo, en el caso de Arturo Anguiano, y que junto a la obra de Adolfo Gilly, La revolución interrumpida, recomiendo ampliamente al auditorio y en particular a las jóvenes generaciones que se acercan al marxismo.

Por otra parte, reconocer la presencia de Massimo Modonesi, quien ya nos acompañó prologando el libro México en llamas y que, desde un marco conceptual que incorpora definiciones y categorías del pensamiento gramsciano, estudia y analiza los mecanismos de cooptación que las clases dominantes utilizan sobre las clases oprimidas y explotadas, donde sin duda el régimen posrevolucionario mexicano es un gran ejemplo.

Como eje rector de mi participación, quiero plantear que los Escritos latinoamericanos constituyen una enorme aportación, que está lejos de tener un lugar secundario en la obra de Trotsky. Desde el momento que le fue concedido el derecho de asilo por el gobierno de Lázaro Cárdenas, Trotsky estudia con gran detenimiento la realidad latinoamericana y mexicana. La obra que presentamos incluye ensayos que fueron ampliamente difundidos en las décadas previas, junto a otros que son prácticamente desconocidos. Muchos de ellos fueron parte de la edición de Clave / Tribuna Marxista, la revista que Trotsky alentó y que contó con un importante equipo de colaboradores. Trotsky y sus compañeros analizan y estudian allí los fenomenos políticos y sociales claves de su tiempo y son de gran interés no sólo para el militante, sino tambien para todos aquellos interesados en conocer la historia y los procesos políticos y sociales de America Latina y México.

Creemos que allí se encuentran claves para entender no sólo la realidad mexicana y latinoamericana de entonces sino aportaciones esenciales para las tareas del presente.

El 9 de enero de 1937, después de que el mundo se habia convertido en un planeta sin visado para Trotsky, éste arriba, junto a su compañera Natalia, a un país convulsionado. México traía el legado y las consecuencias de la Revolución de 1910, había sufrido la crisis económica de 1929, y estaba sacudido por el resurgir de la lucha de clases a mediados de los años ‘30. Un país donde además, habia emergido la figura de Lázaro Cárdenas, y que ensayará una política basada en concesiones al movimiento obrero y campesino, concitando un fuerte apoyo de éste, al mismo tiempo que buscaba afianzar el control estatal y gubernamental sobre sus organizaciones.

En México la izquierda estaba hegemonizada por el estalinismo, en tanto que la abnegada organización trotskista tenía una influencia limitada y hacia grandes esfuerzos por vincularse a la clase trabajadora. La fortaleza del estalinismo devenía de que era, en realidad, un fenómeno político de dos cabezas: por una parte el PCM oficial, y por la otra una de las figuras fuertes de la política mexicana, Vicente Lombardo Toledano, el dirigente de la principal central sindical, la CTM. El estalinismo en particular, desde 1935, había adoptado la política de los frentes populares, esto es, impulsar la colaboración de clases del movimiento obrero con la llamada burguesía democrática o antiimperialista. Consideraban a Cárdenas como representante de la misma y por ende sostenían una política de subordinar a las organizaciones obreras y a su misma organizacion al gobierno y su partido.

Desde el momento que Trotsky ingresa al país éstos se unieron para organizar una campaña de desprestigio y calumnias orientadas a preparar las condiciones para su asesinato. Stalin, mientras tanto, enviaba sus pistoleros y gangsters a preparar los atentados.

El exilio de Trotsky y sus trabajos se dan en un momento de grandes acontecimientos internacionales; son los años del camino hacia la guerra, de la liquidación de la revolución española, del ascenso de la hegemonía norteamericana sobre el continente; allí están los escritos de Trotsky sobre el APRA y los debates sobre antiimperialismo y socialismo.

En este contexto, la elaboración del revolucionario ruso y sus colaboradores sobre América Latina y México estará vinculada a fijar una postura teórica y política marxista, alternativa a la que propugnaba el estalinismo.

La revista Clave constituyó una herramienta muy importante, como destaca el prólogo de Bárbara Funes, para consolidar a las jóvenes organizaciones de la IV Internacional en la región.

Fueron los años donde la joven organización trotskista mexicana, donde militaba por ejemplo Octavio Fernández, desarrolló una labor para insertarse en el movimiento obrero, como fue en el sindicato de la construcción (el SUC) y de maestros, a la vez que tomaban parte en garantizar la estancia y la seguridad del revolucionario ruso, todo lo cual pueden encontrarlo en los prólogos del libro.

Eran años difíciles para la militancia revolucionaria debido a la hegemonía del estalinismo , y las experiencias de esos años, de Trostky y de los trostkistas, son dignas de ser conocidas y apropiadas por las nuevas generaciones.

Quiero destacar algunos elementos fundamentales que pueden encontrarse en esta obra que hoy presentamos.

Por una parte, hay escritos en los que podemos encontrar un análisis y aproximación a lo que fue la Revolución Mexicana, en particular “Qué es y que ha sido la Revolucion Mexicana” y “Problemas nacionales”.

Escritos en colaboración con Octavio Fernández, Trotsky se distancia de la interpretación tradicional del estalinismo, que buscaba justificar su política de conciliación de clases omitiendo lo que Trotsky y Fernández destacaban, esto es la existencia de una guerra civil al interior del bloque llamado revolucionario.

Junto a esto, se preguntaban porque la burguesía triunfante aunque desplazó al viejo régimen porfirista, no resolvió las tareas democráticas –como la cuestión de la tierra– y planteaban la importante definición de que fue el retraso histórico de la Revolución Mexicana –esto es, del retraso de la revolucion democrático burguesa– lo que explica, dice, el aborto que ha sido la revolución”.

Trotsky y Fernández tratarían de dar cuenta de una compleja realidad donde la negativa de los lideres burgueses, como Madero, para afrontar la cuestion agraria, fue respondida con una profundización de la guerra civil y programas políticos como el Plan de Ayala. Pero donde a la vez los límites del propio desarrollo de la clase obrera y de la acción del campesinado impidió el triunfo de una perspectiva que cuestionase radicalmente la propiedad privada. Todo esto, como expresión del retraso histórico que mencionaban, llevó al aborto de la revolución.

Tenemos en esas líneas profundas de análisis dialéctico trazos precursores de las elaboraciones, alternativas al estalinismo, que veremos a fines de los ‘60 sobre la Revolución de 1910/17.

En segundo lugar, quiero destacar el análisis de Trotsky del cardenismo.

Establece una definición de gran trascendencia, la del bonapartismo sui generis, que es una gran herramienta teórica para comprender fenómenos como el cardenismo, o aproximarnos a otros que tienen aspectos de similitud sin ser idénticos, como fueron el chavismo o el peronismo. Y para establecer una ubicación política y las tareas frente a los mismos.

Que era para Trotsky el bonapartismo sui generis?

Trotsky entendía que en los países de desarrollo capitalista retrasado, dependientes del imperialismo, la burguesía nacional tenía un carácter débil, frente a una clase obrera social y objetivamente poderosa, y al peso de la dominación imperialista. El gobierno, en esas circunstancias, y sin negar ni por un minuto su carácter de clase, oscilaba entre la burguesía nacional y el proletariado y se elevaba por sobre las mismas. Esto le daba un carácter bonapartista sui generis, y podía gobernar, bien como agente directo del imperialismo, bien haciendo concesiones al proletariado y ganando cierta libertad frente a los capitalistas extranjeros. Trotsky consideraba que la política cardenista se ubicaba en esta segunda opción, en particular las expropiaciones petroleras.

Trotsky era un obsesionado por no caer en el mecanicismo y en el esquematismo vulgar. La definicion de bonapartismo sui generis analiza finamente la relación entre las clases y el estado en los paises semicoloniales, y entre éstos y el capital imperialista. Le permite comprender el posicionamiento de un gobierno como el cardenismo, sus giros concretos, sin dejar de lado su carácter de clase y sostener una política como la que planteó frente a la expropiación a las compañías petroleras.

Trotsky definía a las mismas como “una medida de defensa nacional altamente progresista”, en los marcos del capitalismo. Decía “Una pequeña camarilla de magnates extranjeros succiona, en todo el sentido de la palabra, la savia vital tanto de México como de otra serie de países atrasados o débiles…La cuestión, en realidad, concierne al saqueo de la riqueza natural del país.”.

¡Qué actualidad que tienen estos análisis cuando lo que vemos es un intento por volver atrás la Expropiación de 1938, de restituir al capital privado las prerrogativas sobre las ganancias que genera el petroleo!

Trotsky concibió la Expropiación petrolera como parte de la lucha de México por su independencia nacional, política y económica. Y estuvo a favor de la expropiación como un instrumento efectivo para proteger la independencia nacional, aun cuando la expropiación no fue bajo control de los trabajadores y se entregaron indemnizaciones –que pagó el pueblo– a las empresas imperialistas, y llamó a la clase obrera internacional a apoyar esta medida.

Partiendo de su análisis del gobierno cardenista, no confundía el apoyo puntual a esta medida progresiva con el apoyo político y la subordinación al gobierno. El estalinismo, como decíamos antes, propugnó la subordinacion política al cardenismo e incluso se planteó incorporarse al partido de gobierno en la forma de un frente popular antiimperialista. Trotsky era claro, el socialismo no vendría de la mano de la burguesía nacional. Y éste es un punto central, metodológico y político, para la política a tener ante fenómenos como los gobiernos posneoliberales o progresistas.

Y éste es el tercer punto que quiero plantear. En los Escritos puede encontrarse una profundización de la Teoría de la Revolución Permanente a la luz de la realidad latinoamericana. Partiendo de la experiencia de esos años -el “ansia de tierra” como motor de la revolución, las movilizaciones multitudinarias contra los imperialistas-Trotsky sostenía que en países como México, la cuestión agraria y la independencia nacional serían los motores fundamentales de la transformación social, y que la clase obrera era quien podía resolverlas, integramente y hasta el final, desde el poder político. Pero que eso implicaba una competencia constante entre la clase obrera y la burguesía nacional por ganarse el apoyo del campesinado. Que la clase que gobernase en México sería la que atrajese el apoyo del campesinado.

Para eso, era fundamental, en primer lugar, la independencia política y organizativa de la clase trabajadora, única forma de adoptar un curso propio y de sustraer a los campesinos del influjo de la burguesía y en este caso, de su gobierno, el cardenismo. Cuando hablaba de independencia política y organizativa, Trotsky sin duda está pensando también en lo que es la máxima expresión de ello, la construcción de una herramienta política de los trabajadores, de un partido revolucionario.

En ese marco, de la discusión sobre la independencia política, se inscribe tambien la discusión –una de las mas ricas y profundas que pueden encontrarse en los Escritos– sobre los sindicatos, esto es, la cuestion de la estatización de las organizaciones obreras y su subordinación al partido de gobierno profundizada y perfeccionada durante el cardenismo. Lo cual fue, como sabemos, fundamental durante las décadas siguientes para someter al movimiento obrero al priato, y que llegó al punto de incorporarlos al propio partido de gobierno. Trotsky en su escrito sobre los sindicatos plantea la necesidad de luchar por la independencia total e incondicional de los sindicatos respecto del Estado capitalista y por la democracia sindical. La independencia de los sindicatos era visto como una llave fundamental para avanzar en la independencia política de los trabajadores respecto a la burguesía y para luchar por las demandas no solo sindicales, sino las grandes causas nacionales. La vigencia de esto es clara: para luchar hoy contra la entrega de PEMEX, es fundamental que los trabajadores petroleros se pongan al frente de esto, lo cual requiere, por ejemplo, democratizar sus organizaciones y quebrar la subordinación de las mismas al estado y sus partidos.

El estalinismo logró finalmente asesinar a Trotsky, pero su elaboración teórica y su legado político son claves para el presente, son fundamentales ante acontecimientos y procesos como los que vimos en América Latina, donde hemos visto un resurgir de la lucha de clases y de la polítizacion de sectores de la juventud y los trabajadores, como presenciamos en Brasil, en Argentina con el sindicalismo de base y con el resultado electoral del Frente de Izquierda y los Trabajadores que expresa este fenómeno en capas del movimiento obrero. O en México donde desde mediados del año 2012, vemos nuevas luchas juveniles (desde el #yosoy132 hasta los paros en apoyo a los maestros) y mas recientemente la insurgencia magisterial.

Hoy que la clase obrera tiene un desarrollo muy superior al de entonces, y donde nadie puede dudar seriamente de su potencialidad objetiva, hoy que los gobiernos pos neoliberales o llamados progresistas muestran que gobiernan al servicio de los capitalistas, se reactualiza la tesis que inspiró a Trotsky de que sólo la clase obrera latinoamericana, en alianza y encabezando a los oprimidos del campo y la ciudad, pueden dar una salida favorable a las demandas estructurales y que eso implica la lucha por el poder político.

Volver a Trotsky, retomando su espíritu y su método, actualizando lo que haya que actualizar y comprendiendo con sentido crítico los acontecimientos del presente, es fundamental para edificar una perspectiva y una alternativa socialista, de los trabajadores y la juventud para volver realidad esas palabras que aún resuenan en estos muros y que están en estas páginas, que decían que, de lo que se trataba y de lo que se trata es de retomar y culminar la obra iniciada por Emiliano Zapata, la segunda revolución mexicana, obrera y socialista.

Pablo Oprinari, por el CEIP León Trotsky Oficina México, coordinador y coautor de México en llamas (1910-1917) / Interpretaciones marxistas de la Revolución y del Estudio Introductorio publicado en la 4ta edición de Escritos Latinoamericanos.

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