Presentación del libro “Con Trotsky de Prinkipo a Coyoacán”, del IPS-CEIP, en el Museo Casa de León Trotsky (23/8)

(Texto de la exposición realizada en la presentación del libro “Con Trotsky de Prinkipo a Coyoacán”, de Jean Van Heijennort, publicado por el IPS y el CEIP, cuya edición estuvo a cargo de Julio P. Rovelli y Demian Paredes. La presentación fue realizada junto a José Antonio Gonzalez de León, director del Museo, y Jimena Vergara, profesora de la FCPyS de la UNAM y referente del Movimiento de los Trabajadores Socialistas)

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El libro que hoy presentamos, publicado por el CEIP y el IPS, es un testimonio vivo de quien fuera, en esos años, un militante de la IV Internacional y un colaborador cercano de Trotsky. Tiene la virtud de que presenta, a través de un relato llano, los años de Trotsky y Natalia Sedova en el exilio, después del triunfo de la camarilla encabezada por Stalin sobre la oposición de Izquierda, y la persecución y expulsión del fundador del ejército rojo. Y en el libro se puede ver, tangencialmente, vívidamente, la actividad del gran revolucionario ruso, incansable, infatigable, analizando con pensamiento estratégico los principales acontecimientos mundiales (como el ascenso del fascismo y el camino hacia la guerra), delineando junto a sus colaboradores políticos el programa revolucionario para ese periodo (que finalmente se plasmaría en el Programa de Transición), y las vicisitudes propias de la labor que Trotsky consideraba más importante, mas central en sus últimos años: construir, después de la muerte de Lenin y de toda la guardia bolchevique, y de la defección de la Internacional Comunista, una nueva organización revolucionaria, la IV Internacional.

Van Heijennort lo hace relatando el día a día de Trotsky, su difícil situación, la persecución sobre su familia y amigos, pero mostrando cómo, para éste, las tragedias personales -como fue por ejemplo la muerte de sus hijos como resultado de la persecución estalinista- eran el resultado de una dura lucha política contra un fenómeno monstruoso como era el estalinismo, y que lejos de hacerlo flaquear, lo impulsaba. También se puede ver la experiencia militante de toda una joven generación que dejó de lado todo para retomar la estafeta de la lucha por la revolución socialista, y por regenerar el marxismo revolucionario, de la cual Jean Van Heijenoort, secretario y colaborador de Trotsky, fue uno de sus mayores exponentes. Destaca también la figura de Natalia, compañera de Trotsky, militante revolucionaria que compartió su exilio, incansable junto al revolucionario ruso.

Trotsky, el principal exponente y abanderado de la lucha contra la reacción burocrática y el imperialismo, solo pudo ser callado mediante su artero asesinato, ocurrido en esta casa, cuando Van Heijenoort ya no estaba presente. El libro narra esos años, la actividad política revolucionaria en un momento harto difícil, signado por el ascenso del fascismo y por la carnicería imperialista de la IIGM, lo que Víctor Serge llamaría la medianoche del siglo.

Ocupa una parte importante del libro el ultimo exilio de Trotsky, en México. Allí pueden leerse las labores de la Comisión Dewey, las discusiones con André Breton en torno al manifiesto de la FIARI, así como la dolorosa ruptura con Diego Rivera, también se ve la enorme colaboración que a Trotsky le prestaron los integrantes de la sección mexicana, un núcleo formado, centralmente, por obreros de la construcción y maestros, que militaban en sus respectivos sindicatos, y de quien su mayor exponente era Octavio Fernández. Quiero aprovechar esta oportunidad para exponer algunas de las cuestiones centrales que Trotsky elaboró durante sus últimos años, y que se refieren a México y América Latina, que están solo plasmadas tangencialmente en el libro, y que pensamos que conservan gran actualidad.

Por una parte, el momento histórico en el que Trotsky arribo a México estuvo signado por el cardenismo, y muy particularmente la relación de este con el movimiento obrero organizado en la CTM así como con las potencias imperialistas.

En ese momento, los partidos comunistas -mandatados por Stalin y la III Internacional- impulsaba la conformación de Frentes Populares junto a sectores supuestamente democráticos y progresistas de las burguesías nacionales. Esto implicaba la subordinación política del movimiento obrero, y del mismo partido comunista, a un programa y una política ajena a los intereses, históricos e inmediatos, de los trabajadores. En México, como resultado de eso, el PCM pasó, de caracterizar a Cárdenas como fascista en 1934, una definición profundamente errónea ya que Cárdenas basaba su dominación política en la colaboración y domesticación de los sindicatos, a diferencia del fascismo, que se basa justamente en la destrucción de las mismas. Paso de allí, como decía, a sostener una política de apoyo acrítico a éste considerándolo como el posible líder de la revolución democrática y antiimperialista, así como a subordinarse a la dirección sindical de Vicente Lombardo Toledano, quien, como bien dijo Trotsky, era la otra cabeza del estalinismo criollo. El PCM llegó incluso a pedir ser integrado dentro del nuevo PRM, que surgió en 1938, y, como fue una práctica común en las organizaciones estalinistas de esos años, abandonó toda lucha por la revolución socialista en función de apoyar a una burguesía nacional que imaginaba progresista y que imaginaba podía resolver cuestiones tales como la reforma agraria.

El PCM fue cómplice así de la política, impulsada por la burguesía nacional, de subordinar políticamente a los trabajadores a la revolución hecha gobierno, lo cual se concretó con la incorporación de las organizaciones obreras y campesinas al PRM.

El posicionamiento de Trotsky frente al gobierno de Cárdenas estaba en las antípodas de lo que sostenía el PCM. Trotsky fue, en ese sentido, como insinuan muchos, un cardenista? Tuvo expectativas en el discurso llamado “socializante” enarbolado por Cárdenas?

Desde ya que Trotsky reconocía, en primer lugar, la acción valiente del gobierno cardenista, al otorgarle el asilo ante la hostilidad que compartían entonces estalinistas y sinarquistas, en un contexto donde ningún gobierno del mundo lo hacía, y el mundo era un planeta sin visado para León Trotsky. Trotsky saludó esta acción solidaria y valiente desde el mismo momento de su arribo al puerto de Tampico. Junto a esto, en los momentos cruciales del sexenio cardenista, consideró que medidas tales como las expropiaciones petroleras, eran medidas de defensa nacional altamente progresistas, que había que enfrentar la ofensiva de las compañías petroleras inglesas y norteamericanas; al mismo tiempo consideraba que estas medidas se inscribían, íntegramente, en los marcos del capitalismo de estado, esto es, no eran acciones de tipo comunistas. Trotsky, en ese sentido, no confundía medidas puntuales de enfrentamiento contra el capital extranjero, con asignarle a un gobierno nacionalista burgués un carácter socialista. Y los trotskystas plantearon participar en la coyuntura de 1938 levantando una política obrera independiente, impulsando la movilización y los comites obreros, así como la participacion obrera -con una política revolucionaria- en la administración de las empresas nacionalizadas.

¿Y cuál era entonces para Trotsky la causa, porque el gobierno de Cárdenas adoptaba tan importantes medidas en 1938?

Trotsky consideraba, que en los países de desarrollo capitalista atrasado, el capital extranjero tiene un rol decisivo, en tanto que la burguesía nacional es débil y la clase obrera surge como una potencia social. En esas condiciones, el gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente fuerte proletariado. En esas circunstancias especiales, surge un gobierno de tipo bonapartista sui generis, así lo definía Trotsky, que puede gobernar bien como agente directo del capital extranjero y someter a la clase obrera a una dictadura policial, o bien decía “maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros”, y terminaba diciendo que en esta posibilidad se inscribe la política llevada adelante por el gobierno cardenista respecto a las compañías petroleras y ferrocarrileras.

Por otra parte, la caracterización que hacía Trotsky de que en México existía un estado capitalista y un gobierno bonapartista se expresaba en todos sus escritos del periodo. Por ejemplo, lejos estaba de guardar expectativas en que el cardenismo resolviera las cuestiones motoras de la revolución de 1910, y en particular la cuestión de la tierra. Sin tener tiempo de conocer en toda su profundidad y detalles el proceso revolucionario de 1910, Trotsky estaba lejos de identificar el ansia de tierras de los campesinos, que fue el motor del mismo, con la política de la “revolución hecha gobierno” del nacionalismo revolucionario. En un artículo escrito junto a Octavio Fernández, Trotsky plantea claramente que los repartos parciales de tierra son claramente insuficientes, y que no cambian el carácter profundo de la estructura mexicana, donde el 81% de la población rural no posee nada “Tal es la obra de 27 años de revolución burguesa”. Decía sin dejar lugar a dudas que “la burguesía nativa ha sido y sigue siendo incapaz de resolver el problema agrario”.

A la par, muchos de sus escritos discuten las medidas que impulsan la subordinación política y organizativa de las organizaciones obreras al cardenismo, que fue un pilar del gobierno y que fue una forma de desviar y contener el importante ascenso obrero que emergió en el país después de la gran crisis económica del 29. Su análisis del cardenismo como bonapartismo suigeneris, que se “recostaba” en las masas obreras y campesinas, se articulaba con considerar que la burguesía y sus representantes políticos estatizaron los sindicatos y liquidaron su independencia. Decía, por ejemplo, “En México , los sindicatos se han transformado por ley en instituciones semiestatales, y adquirieron un carácter semitotalitario”, y planteaba, como una tarea clave, romper con la tutela del estado, alcanzar la independencia, y la democracia obrera respecto a la burocracia que sojuzgaba a los obreros y que en nuestro país se expresaba en la figura de Lombardo Toledano.

Partiendo de este análisis del cardenismo es que Trotsky realizó una interpretación no mecánica de su propia Teoría de la Revolución Permanente. Para Trotsky era innegable que en nuestros países, la revolución agraria y la independencia nacional eran claves. Pero, para Trotsky, esto solo podía ser realizado mediante la toma del poder por la clase obrera encabezando la movilización de las masas agrarias. Y, decía, “La independencia del proletariado incluso en el comienzo de este movimiento es absolutamente necesaria, y oponemos particularmente el proletariado a la burguesía en la cuestión agraria, porque la clase que gobernara, en México como en todos los demás países latinoamericanos, será la que tendrá con ella a los campesinos.”. Trotsky decía que podía considerarse la diferencia existente entre los distintos gobiernos burgueses y adoptar una política correcta frente a la expropiación petrolera y contra las compañías petroleras “más que a condición de nuestra organización no participe en el PRM”, sosteniendo la incapacidad intrínseca de las burguesías nacionales de resolver las tareas agrarias y de independencia nacional, y planteando que es mediante la alianza revolucionaria de obreros y campesinos dirigidos por un partido revolucionario, que podrán resolverse.

Estas cuestiones que planteamos dividen y enfrentan, ayer y hoy, al trotskismo a otras corrientes como el estalinismo y el populismo. Las lecciones de esto para el presente son fundamentales. Hoy como ayer, la cuestión agraria -donde las grandes empresas vienen por todos los recursos naturales- y la liberación del yugo imperialista, que hoy se expresa en la entrega del petróleo y la re-colonización del país, son motores fundamentales de la lucha por la transformación social. La lucha por estas cuestiones fundamentales no puede hacerse de la mano de quienes defienden y se ubican en los marcos de un sistema de explotación, opresión y entrega, y que se limitan a acciones testimoniales o tibias que buscan presionar a las mismas instituciones que acordaron el saqueo. Si ayer el gobierno nacionalista burgués de Cárdenas tuvo, en determinadas circunstancias, una medida de defensa nacional altamente progresista, hoy quienes invocan su nombre, políticos e intelectuales, levantan una perspectiva política que confirma que, como decía Trotsky, la burguesía nacional y sus representantes políticos son incapaces de una lucha hasta el final. Y es que, para enfrentar la entrega, sostener una política centrada en medidas tales como campañas de firmas o consultas, solo puede llevar a nuevos callejones sin salida. Ya que lo que se requiere es atacar los intereses de transnacionales imperialistas y sus socios nativos. En ese camino, la acción mancomunada de los trabajadores y el conjunto de los oprimidos del campo y la ciudad son fundamentales, teniendo como métodos de luchas fundamentales la movilización en las calles, la huelga y el paro, llamando a las organizaciones obreras a ponerse al frente de esto.

Junto a esto, el análisis de Trotsky del cardenismo es una herramienta magistral para comprender las experiencias de los gobiernos llamados progresistas en Latinoamerica y sus límites. Si el cardenismo derivó, de sus medidas progresistas de 1938 a un creciente conservadurismo (cuestión que fue planteada por los trotskistas de ese entonces) y luego a gobiernos priistas que fueron progresivamente girando a derecha y encabezaron la ofensiva neoliberal, la deriva de los actuales gobiernos “pos neoliberales” fue evidente en los últimos años. Se mostró que no sólo ni siquiera llegaron a medidas como las de Cárdenas, sino que fueron administradores del capitalismo local y no rompieron los lazos económicos con el poder capitalista y las transnacionales. En Venezuela el gobierno de Maduro persigue y reprime a la vanguardia obrera, como es el caso de los trabajadores de la fábrica Sidor. En Brasil vimos al gobierno de Dilma enfrentando el repudio y la movilización de miles de jovenes, sectores populares sin acceso a la vivienda ni a un sistema de transporte barato, así como luchas emblemáticas como la de los trabajadores del Metro. En Argentina, las fuerzas policiales del gobierno de CFK reprimen a los trabajadores en lucha de Lear y en alianza con la burocracia sindical, defienden los intereses de las patronales contra la nueva vanguardia obrera que viene emergiendo, militarizando fabricas en lucha. Ante esto, cobra toda actualidad la perspectiva estratégica que, Trotsky planteo en esta casa, cuando decía “Nuestro proletariado debe entrar firmemente en la escena histórica para tomar en sus manos el destino de Latinoamérica y asegurar su futuro. El proletariado unificado atraerá decenas de millones de campesinos indoamericanos, eliminará las fronteras hostiles que lo dividen y nucleará a las 24 repúblicas y posesiones coloniales bajo la bandera de los Estados Unidos Obreros y Campesinos de Latinoamérica… Obreros de América Latina, ustedes tienen la palabra!” La única alternativa viable para nuestros pueblos, hoy como ayer, la única vía para obtener la independencia nacional y resolver los problemas más acuciantes, es la lucha por el poder para los trabajadores y campesinos, en el camino de la lucha por el comunismo y la emancipación de la humanidad toda.

Para eso hay que recuperar y actualizar el legado teórico y político de León Trotsky, y en particular su actividad incansable, militante y constante para construir una organizacion revolucionaria internacional, la IV Internacional. Ese es su mayor legado para las nuevas generaciones de trabajadores y jovenes que quieren, irreverentemente, levantarse contra el orden establecido y asumir una perspectiva para tomar el cielo por asalto.

Noticia del periódico La Jornada “Van Heijenoort retrata a un Trotsky tan militante y revolucionario como humano”

Aquí la reseña pública de la presentación

 

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