En la Feria Internacional del Libro también se escuchó: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”

En la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, principal evento del mundo editorial en América Latina, se hizo escuchar el reclamo y la indignación que recorre a México: ¡vivos los llevaron, vivos los queremos!

Ninguno de las decenas de miles de asistentes a la Feria Internacional del Libro (FIL) edición 2014, provenientes de México y todo el mundo –en la que Argentina fue el invitado de honor–, pudo dejar de ver que el reclamo que recorre a México traspasó los muros de la Expo de Guadalajara, el predio donde tradicionalmente se realiza la FIL.

 

Como hicieron notar muchos intelectuales y movimientos sociales de Guadalajara, la Feria Internacional del Libro es un evento comercial multimillonario regenteado firmemente por Raúl Padilla, ex rector de la Universidad de Guadalajara (UDG) y presidente de la FIL, que arroja millones de dólares de ganancias y sirve para su enriquecimiento económico.

Según la denuncia de muchos activistas y medios de comunicación alternativos, esto se combina con su participación en diversas instituciones de educación superior privada, mientras detenta 15 cargos en la UDG. Padilla (a quien el ingenio popular ha rebautizado “Pandilla”), es además la cabeza del grupo que maneja la Universidad de Guadalajara como un feudo bajo el control de sus patotas y acalla cualquier reclamo de democratización de la casa de estudios.

Bajo esta orientación mercantilizante, la Feria Internacional del Libro se convirtió en una pasarela auspiciada por las grandes editoriales, donde circulan autores y personalidades en su gran mayoría bajo un espíritu cultural y literario complaciente con el poder. Esto es lo que Román Munguía Huato ha llamado un “simulacro de la cultura”, esto es, por fuera de las reales necesidades de las amplias mayorías de la población de México.

Pero aun los muros de esa torre de marfil que es la FIL de Guadalajara se conmovieron con las voces de los millones que han salido a exigir la aparición con vida de los 43 normalistas. No fueron pocos los intelectuales, escritores, editores, y artistas que se manifestaron de forma solidaria.

Fue el caso, por citar solo algunos ejemplos, de los escritores Elena Poniatowska y Fernando del Paso, la cantante Julieta Venegas –que al iniciar la programación musical de la FIL realizó el conteo de 1 a 43, acostumbrado en cada movilización– así como los periodistas y escritores Carmen Aristegui, Lydia Cacho y Juan Villoro, entre otros.

Fue también el caso de muchos integrantes de la delegación argentina, como Estela de Carlotto y otras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Claudia Piñero y los editores argentinos que se retrataron con una foto recordando a los 43, inspirada en los detenidos-desaparecidos bajo la dictadura militar argentina.

El 1 de diciembre, a pesar del vallado policial que convirtió a la FIL en una fortaleza, miles de personas –con la participación de los escritores Paco Ignacio Taibo, Juan Villoro, Armando Vega Gil, Benito Taibo, acompañados por gran parte de la delegación argentina– salieron de las puertas de la Expo Guadalajara y realizaron la marcha por Ayotzinapa.

Mientras durante esos días se realizaba afuera de la FIL una muestra artística permanente en honor a los normalistas desaparecidos, dentro de la feria expositores y jóvenes estudiantes realizaban día con día el “pase de lista” de los normalistas en cada pasillo. El stand de Editorial Era se vistió con los retratos de los 43 normalistas y con el poema Ayotzinapa, de David Huerta, que en sus versos dice:

Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó
……………….
Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer

Hasta el mismo Padilla, en la inauguración de la FIL, debió armar un montaje de supuesta solidaridad con los normalistas desaparecidos, a tono con los funcionarios públicos que se han rasgado las vestiduras y lloró lágrimas de cocodrilo para tratar de conjurar la indignación popular y de ocultar lo inocultable: fue el Estado, el mismo que ellos defienden.

A contracara de ello, en esta nueva edición de la Feria Internacional del Libro, la solidaridad sincera de escritores, artistas, y personalidades del mundo de la cultura, mostró la profundidad de la indignación que recorre el país y que ha llegado a otras latitudes de América Latina y el mundo.

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