Reflexiones sobre la lucha de clases y la estrategia política de la izquierda en México

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Como planteamos en un artículo reciente, durante el último lustro, Mexico trascendió por los duros efectos de la barbarie capitalista. El grado de descomposición del capitalismo semicolonial se hizo notar, sórdidamente, en los más de 125,000 muertos y desaparecidos, y en un avasallamiento de las libertades democráticas más elementales como resultado de la militarización creciente del país.

Sin embargo, todo comenzó a cambiar en el mes de agosto.El verano trajo consigo un alza de la lucha de clases, preanunciando el umbral de un nuevo periodo. La rebelión de las bases magisteriales contra la reforma educativa se combinó en el tiempo con la movilización de amplios sectores de la población ante la reforma energética, y suscitó un nuevo despertar del movimiento estudiantil universitario. Ante la reacción imperante en los años previos,  sobrevino un despertar de la lucha de clases. Aquí queremos profundizar algunos elementos necesarios para pensar la estrategia política de la izquierda socialista y revolucionaria.

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La lucha de clases vuelve al centro de la escena

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Las expectativas de que el regreso del PRI al gobierno representara una vuelta a la estabilidad se mostraron endebles. Aunque el gobierno de Enrique Peña Nieto había logrado con el Pacto por México un acuerdo con la oposición para avanzar con una agenda de reformas estructurales, tras ocho meses en el poder el rechazo a las reformas educativa y energética, junto a la reemergencia de la juventud, están configurando un nuevo escenario.

Artículo publicada en Ideas de Izquierda, Revista de Política y Cultura, núm. 4, Octubre 2013, Buenos Aires, Argentina.

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Una nueva etapa de la lucha de clases (la Comuna de Oaxaca, México 2006)

comunadeoaxaca

Publicado en Estrategia Internacional 23 – Diciembre de 2006

México y América Latina, de la estabilidad reaccionaria a la vanguardia de la lucha de clases

Desde mediados de los años ’90, luego de la salida reaccionaria de la crisis económica de 1995 y de la contención del levantamiento zapatista, México fue un polo de estabilidad reaccionaria a nivel continental. Basado en el crecimiento de determinadas ramas y sectores de la economía vinculadas a la exportación, apoyado en una brutal explotación de la fuerza de trabajo, y en un proceso de franca “integración” en términos de subordinación a la economía y las transnacionales estadounidenses, el capitalismo semicolonial mexicano gozó de altos índices de crecimiento del Producto Bruto Interno. Esto se sustentó en el apoyo político y económico de EE.UU. (cuyo máxima expresión fue el salvataje ante el “efecto tequila”, cuando EE.UU. desembolsó 50,000 millones de dólares en “concepto de préstamo extraordinario”) y en la transición pactada entre el PRI, el PAN y el centroizquierdista PRD, que en los años 1994/2000 actuó desviando el descontento de las masas hacia las ilusiones en la reforma del viejo Priato [1].

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