El “Gran escape” y la crisis política de Peña Nieto

Publicado en La Izquierda Diario Mexico.

La fuga de Altiplano ha cimbrado al gobierno. El secretario de Gobernación, Osorio Chong, ha dicho “no renuncio”, en lo que es el reconocimiento de la gravedad de la crisis, y ofreció una recompensa multimillonaria: 60 millones de pesos.

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Sospechas. Las mismas crecen en la población, alimentando la falta de confianza en el gobierno, y en los medios de comunicación. Y de nueva cuenta sale a la luz la enorme colusión entre el narco y el estado mexicano.

Hay quienes dejan entrever que se trata de una complicidad al más altísimo nivel, para que Joaquín Guzmán Loera ponga orden en el creciente y complejo panorama del narcotráfico, con el surgimiento de carteles como el Jalisco Nueva Generación, organización que está ocupando plazas de los de Sinaloa.

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Una aproximación desde el marxismo a la cuestión de la “narcoguerra” en México

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Nota aclaratoria

El presente artículo fue escrito en febrero del 2011 y publicado, en una versión más sintética, en tres entregas en el periódico Estrategia Obrera durante el primer semestre de ese año. Desde entonces, el fenómeno del narcotráfico y la militarización lejos de haber menguado, se ha mantenido y recrudecido. Estados como Veracruz, Monterrey y Jalisco han visto tanto el accionar demencial de los carteles en competencia por las “plazas”, como un incremento del accionar del ejército y la marina mexicana, con el resultado de miles de muertos provenientes en su mayoría de las clases populares y el recorte de las libertades democráticas más elementales. Al mismo tiempo, la asociación entre los distintos carteles y las instituciones y partidos del régimen político, se ha hecho evidente, por ejemplo, en las acusaciones cruzadas por estos en torno a las elecciones del 2011, como vimos en el caso de Michoacán. En vísperas del fin de sexenio y ante las elecciones presidenciales de este año, los distintos candidatos están muy lejos de representar una alternativa y salida de fondo a esta situación que se ha cobrado alrededor de 60,000 muertos. La candidata oficialista declaró que mantendrá lo esencial de la política calderonista. Es de suponer que Peña Nieto, quien ya mostró como gobernador del Estado de México su carácter represor (recordemos San Salvador Atenco) buscará mantener lo esencial de la política de militarización ya que la misma, como planteamos más abajo, es una herramienta fundamental para garantizar el impulso de los planes privatizadores como en Pemex, con el que le dará continuidad a lo hecho por Calderón por ejemplo en Luz y Fuerza, que dicho sea de paso, fue aplaudido por el mexiquense. López Obrador, en tanto ha planteado una “desmilitarización paulatina”, diferenciándose de aquellos y generando ilusiones en miles que están hartos con la presencia de los militares en las calles. Sin embargo para dar una salida de fondo al problema planteado por la “narcoguerra” –consecuencia de la subordinación del país a los EE.UU. en todos los órdenes (incluyendo la seguridad y la política antidrogas) y de las tendencias a la descomposición social que engendra el capitalismo– es necesaria una perspectiva radical; sólo enfrentando a las instituciones del régimen político y al conjunto del sistema capitalista podrán resolverse las demandas del movimiento democrático, acabarse con la brutal opresión que aqueja a millones de trabajadores, campesinos, mujeres y jóvenes en México.

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